Te doy palabras con la lengua,
un beso sin nada de pena.
Bajando tus manos por el pecho,
bajando donde pierdes el suelo.
Si existe el fuego en el cuerpo,
está consumiendo tus muslos;
está torciendo tus dedos
y volviendo curvo tu cuello.
El alimento no sacia mi hambre,
más aquello que guarda tu sexo.
No hay lluvia para este desierto,
que sólo humedece el calor tu aliento.
Tus pupilas dilatadas fijadas en mi,
aferrados en el filo del tiempo;
queriendo matar cada parte de ti
alzando tus piernas al vuelo.
Tal vez un pulpo, tal vez un pez;
una criatura que empieza a crecer...
con ocho brazos que están al revés,
con una boca que no ha de ceder.
Criatura extraña, posesiva en mi;
me veo en su reflejo, me consume lento...
y tus piernas no me dejan ir,
no me liberan hasta aniquilarme aquí.
Cadáveres inertes,
Muertos confortados,
restos de sus seres,
que quedan desguanzados.
domingo, 17 de julio de 2011
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