Los ojos tan mojados,
las manos raspadas;
el cuerpo entumido...
La mente repite lo que ya sé,
vuelve a los mismos rincones;
parece todo un laberinto...
Mis pasos pisan mis huellas,
mis heridas cicatrizan y sangran;
aquellos labios pronunciados,
son labios insaciados.
Parece que aparece una llaga,
el cabello ceboso de pensar;
mis dedos rotos de rascar...
La comida sabe igual,
y siempre estoy en el mismo lugar;
unas paredes de lástima...
Este laberinto lo hice yo,
incluso esas feas paredes;
y no llueve pa' calmar la sed...
Los ochos parecen quedarse cortos,
comparados al ciclo que tengo;
los ojos tan mojados,
las rodillas van al suelo... donde ya parecen vivir.
lunes, 20 de septiembre de 2010
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