aquí donde estar afuera es estar adentro,
en estos días en que desentonar es regla,
así como lo ordinario recobra fuerza.
En esos segundos en que no hay más que el cuerpo,
cuando la noche se vuelve día y el día no vuelve,
como perdiendo valor con la moneda desplomada,
diseccionado en trozos, igual y la venta va mejor.
Sí, adelante con lo extraordinario y lo original,
todos forasteros, todos rebeldes, todos religiosos,
se es voraz por solvencia económica,
al cabo los trozos de felicidad también se venden.
Reconocer la propia etiqueta para saberse propio,
acoplarse al molde y vivir en boga del mundo,
ser extraordinario porque todos lo somos,
ser obsoleto porque así lo seremos.
Desechable, cotizado, intermitente y mudo.
Lo que viene no regresa, lo que tengo no es tuyo,
catatónico, amordazado y extraordinario,
todo menos la verdad, todo menos traspasar.
Sentado y comiendo levedad,
sin hilos hacia el piso, con juicios y los vicios,
te presumo, soy extraordinario,
pura buena toxina, pura soledad.