Me gusta la lluvia.
Cuando amanece lloviendo
y la ciudad se vuelve cautelosa.
Es regresarle a la vida,
su viejo misterio.
La lluvia incita a las personas,
algunas gritan... otras respiran.
Hay quien se abriga,
hay quien se asombra.
Me gusta la lluvia.
Nadie la detiene,
y suele siempre calmarme el cuerpo.
Su sonido me mantiene
para darle mi atención y contemplarla.
Es un fenómeno, tal vez,
puede que sea un milagro.
Pero es una deliciosa fusión,
entre lo efímero y lo eterno...
entre la tierra y el cielo.
Me gusta la lluvia.
Ya no sé si cae agua,
o se suspenden las lágrimas.
Me gusta porque es simple,
es sincera y a veces sorprende.
Siempre habla para quien escucha,
susurra, grita o comenta.
Quien no corre de ella,
aprende a entenderla.
lunes, 14 de septiembre de 2009
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